7.2.10
RECUERDOS (2)
23.1.10
RECUERDOS (1)
(Contado y cantado...)
La primera en la plaza de la iglesia, y decía así:
Aquí empieza el rosario,
fieles cristianos,
que con fe y devoción,
todos rezamos.
Y seguía este estribillo:
Viva María
muera el pecado
y Jesús sea siempre glorificado
Ya andando hacia la plaza alta, se rezaba el Padre nuestro, díez Avemarías y el Gloria. En la plaza alta, parada y otra coplilla:
Las partes del rosario,
son escaleras,
para subir al cielo,
las almas buenas.
Otra vez al estribillo y al rezo y caminando hasta la puerta de la casa del cura (hoy el albergue), y allí otra coplilla:
El demonio a la oreja
te está diciendo,
deja misa y rosario,
sigue durmiendo.
Y el mismo estribillo de viva María y rezo. Caminando hacia las cuatro esquinas, nueva parada y coplilla:
Los que van al rosario,
no tienen frío,
se sienten arropados,
por Jesucristo.
Se sigue el recorrido, ahora hasta el Planillo, cantando y rezando el mismo repertorio. En el Planillo otra coplilla:
Al rezar el rosario,
Virgen bendita,
el demonio se aleja,
más que deprisa.
Viva María, rezo, estribillo y adelante.
Del Planillo a la Casa Solada y allí otra coplilla, después de haber llegado cantando y rezando:
Te rezamos los fieles,
Virgen María,
para que nos protejas,
todos los días.
Se sigue la marcha rezando y cantando el estribillo, hasta la Herrería. Aquí otra coplilla:
Los fieles que rezamos,
a cualquier hora,
es el mejor momento,
este de la aurora.
Se sigue caminando y con el rezo, y cantando hasta la puerta de la iglesia, donde termina el rosario con esta coplilla:
Aquí acaba el rosario,
reina y señora,
al que todos llamamos,
el que la Aurora.
También soliamos añadir una coplilla un poco irónica, la cual decía:
Los que van al Rosario,
No tienen frio,
Porque llevan la tripa,
Llena de vino.
Y así finalizaba
Yo, aún tuve la suerte de participar en un rosario de estos en mi mocedad. Nos dirigía Mosén Dionisio, un sacerdote joven de la Hoz de la Vieja, recién ordenado, y que ejercía su ministerio en Alcaine por los años cincuenta (por cierto, fue el que me casó). Con él empezamos el Rosario, pero a las pocas coplillas nos dejó, porque aquello no lo veía muy claro. Es que en cada parada la vecindad nos ofrecía cosas: un vaso de vino, una copa de aguardiente, unas pastas, una botella de moscatel y mil cosas más. Y claro, poco a poco, se caldeaba el ambiente y la gente se desmadraba, y en vez de rezar, se cantaba, se decían palabrotas… y era tal el alboroto que aquello terminaba escandalosamente, entre discusiones y peleas.
De aquí viene que cuando una reunión o juerga acaba de forma distorsionada, se dice: “esto va a terminar… como el Rosario de la Aurora”.
Manuel Tomeo
El Sebastián
18.12.09
Bolicos
Vamos a buscar “bolicos”,
Que pensamos encontrar,
Allá en la “cañamarco”,
Y que entre los pinos están.
Es llegar al primer árbol,
Y ya vemos que tenemos,
Con que a trepar tronco arriba,
Y a coger los que podemos.
Buscamos en otros pinos;
Y no nos falta cosecha;
Así que en muy poco rato,
Tenemos la faena hecha.
Cargados a hombro y espalda,
Y en caja ya preparada,
Cada uno con sus cacharros,
Nos volvemos hacia casa…
Para arreglar los ramitos,
De “bolicos o “muerdago”
Y este esfuerzo ilusionado,
Todos lo hemos disfrutado.
28.11.09
Manuel pesca manual
¡Qué bien lo pasaba yo,
En el río de mi pueblo;
Pescando barbos a mano,
Sin redes y sin anzuelo!
Con algo de agilidad,
Y poniendo mucho empeño,
Los buscaba sin descanso,
Hasta que daba con ellos.
Bien debajo de las piedras,
Bien entre raíces y hierbas
O aunque estuvieran metidos,
Dentro de sus madrigueras.
Era un placer encontrarlos
Y cuando ya los tocaba,
Aquello era el no va mas;
¡Oh como los atrapaba!
El primero que cogía
Me lo ponía en la boca,
Después uno en la una mano,
Y los que podía en la otra.
Y con tres o cuatro peces,
A la orilla me salía.
Los contemplaba un ratico
Y al río los devolvía.
Así disfrutaba yo,
En el río de mi pueblo,
Pescando barbos a mano
Sin redes y sin anzuelo.
Casilla Baja
Estos refugios se hacían al borde y y cruce de caminos y siempre distanciados de los pajares y era con la idea de que si alguien era sorprendido por alguna tormenta pudiera refugiarse en éstos albergues que siempre estaban en sitios estratégicos.