Una semana antes de la fecha de matar al cerdo, te ponías en contacto con el "cortante" para concretar el día. El cortante era el matachín o matarife. La noche antes de matar al cerdo nos juntábamos unos cuantos mozos amigos y se rallaba el pan que ya se había amasado unos 15 días antes, ya que al estar seco se desmenuzaba mejor.
| RALLO |
Una vez hecho esto, entre cuatro o seis hombres, se llevaba la mesa con el cerdo encima hasta debajo de la ventana de la casa y con un gancho doble cogido a una barra, se enganchaba uno en cada pata trasera. En medio de esa barra había una anilla y a esta se ataba una soga. Con ella y desde la ventana se iba tirando y tirando, hasta que el cerdo quedaba colgado y bien atado a una tranca cruzada en la ventana y sin llegar al suelo, con la tripa hacia fuera. Acto seguido, el matarife, con un gran cuchillo, abría el cerdo desde el culo hasta el cuello. Lo que era la parte de la tripa, quedaba completamente al descubierto y el cortante por allí sacaba todo el mondongo (tripas). Para esto ya estaba preparado un caldero de zinc. Se recogían todas aquellas tripas y se depositaban encima de la mesa. El cortante iba separando la grasa que une los intestinos (lechecillas) y lo dejaba todo a punto para que un par de mujeres fueran a lavarlos al río. Una vez limpios, hacia casa, que había mucho que hacer. El cortante, mientras, con una estraletica (hacha pequeña) abría el pecho del cerdo para sacar los livianos (pulmones), hígados y corazón. Por abajo se le cortaba la cabeza y se llevaba a la mesa para ir quitándole la piel. El resto del cerdo, colgado y abierto en canal, se le enganchaba un ganchito en la parte baja de la tripa, otro en la pata delantera y al otro lado lo mismo. El cortante iba dividiendo las costillas, separándolas del espinazo retirando la carne que las envolvía, también las espaldas, la tripera o panceta, lomos, blancos (parte grasa entre espalda y jamón), y al final, se le quitaban las piezas y se depositaban en unas canastas. Antes de guardarlas, tenía que venir el alguacil del pueblo a pesar todo el cerdo. Se debía pagar un impuesto llamado "macelo", relacionado con el peso del cerdo (en arrobas).
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| CALDERO |
Seguidamente, seguía el mondongueo. Con una parte de la sangre que se tenía guardada, el pan rallado de la noche anterior y grasa fresca de freír el cerdo, se amasaba en un barreño haciendo una pasta espesa. Después, como quien hace albóndigas, se hacían unas bolas algo más gordas, y se metían al caldero de mondonguear puesto con agua de antemano. Se ponían a cocer y cuando flotaban, con una espumadera se iban sacando dejándolas donde se podía. Luego, se repartían unas pocas a los íntimos y bien allegados.
Después de las bolas, venía la operación morcilla. Se cocía un gran caldero de arroz. Después de cocido se ponía en un caldero y con la sangre que se tenía reservada, grasa fresca y algunos ingredientes, se iba mezclando todo. Cuando el arroz estaba oscuro por efecto de la sangre y la grasa, estaba ya a punto para ir metiendo la masa en los morcones (partes gruesas de los intestinos). Esta faena se hacía con una máquina llamada mondonguero.
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| MONDONGUERO |
Hechas las ristras apropiadas, se metían ordenadamente al caldero de mondonguear, que se tenía preparado al fuego lleno de agua. A medida que se iban metiendo, se iban pinchando con una aguja, para que la presión no las reventara. Cuando flotaban, se iban sacando y ya estaban listas para colgar.
Terminado todo el trajín del día, había que preparar la cena: un buen puchero de patatas y verduras, que aliñado con la grasa fresca, quedaba riquísimo. Después se preparaba algún guiso con un pollo del corral o alguna liebre. Para finalizar, una buena sartenada mezclada del pobre cerdo, y nunca olvidándose de regar la cena con un buen vino de la cosecha. No faltaba la ensalada. A esta cena se invitaba a los familiares más íntimos, algún amigo especial y al cortante. Así, bien comidos y bebidos se acababa el día para todos (menos para el cerdo
Los cortantes que he visto trabajar fueron: el tío Ignacio "el Chichon", el tío José "el Motas", el tío Manuel "el Adán", el tío Miguel "el carrillo", los "Morales", que eran cuatro hermanos (Cristóbal, Agustín, Paco y Pedro), y después creo que también mataron: Emilio "el Plumo" y el Cipriano de la María, pero a estos dos últimos ya no los vi trabajar.
Manuel Tomeo








